Urgencias oftalmológicas veterinarias: Perforaciones corneales

Perforación corneal con prolapso de iris en un perro

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Una perforación corneal es una lesión de la córnea en todo su espesor (epitelio, estroma, membrana de Descemet y endotelio), con salida de material intraocular.

La principal causa son los traumatismos directos sobre la córnea que perforan el ojo (comúnmente por arañazos de gato, traumas por astillas, mordeduras, etc.). En otras ocasiones, la córnea se perfora por la evolución desfavorable de una úlcera complicada con queratomalacia o descemetocele.

Los signos más frecuentes que encontramos en una perforación corneal son:

  • Blefaroespasmo severo.
  • Epífora
  • Prolapso de iris.
  • Edema endotelial.
  • Herida corneal en todo su espesor
  • Tapón de fibrina en el lugar de la perforación.
  • Hifema.

– Si la perforación es pequeña, con tapón de fibrina que bloquea la salida de humor acuoso al exterior, y uveítis leve, trataremos con antibióticos tópicos que cubran todo el espectro de Gram+ y Gram- (Ej. moxifloxacino/tobramicina), ciclopléjicos (tropicamida), y AINEs y antibióticos (doxiciclina, cefalexina, amoxicilina/clavulánico) sistémicos. Podemos colocar una lente de contacto terapéutica para dar un mayor soporte tectónico a la córnea.

Perforacion corneal por evolucion desfavorable de una ulcera complicada por pseudomonas.

Si la perforación presenta salida de humor acuoso o prolapso de iris, además del tratamiento médico está indicada la cirugía de urgencia para reposicionar el iris y reconstruir la córnea. El empleo de material viscoelástico facilita la  cirugía y minimiza el daño tisular. La sutura de la herida se realizará con material de 9/0 o 10/0. Si no es posible enfrentar los bordes de la herida, además de resolver el prolapso, realizaremos injertos de submucosa intestinal porcina, matriz extracelular de vejiga urinaria, membrana amniótica o córnea, con el fin de reconstruir el defecto corneal.

La realización de este tipo de intervención debe realizarse por un oftalmólogo veterinario con experiencia, siempre bajo microscopio quirúrgico.

Proptosis o salida del globo ocular de su órbita

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La proptosis ocular es la salida del globo de su órbita y suele deberse a traumas como golpes, peleas entre animales, mordeduras o atropello. El globo queda atrapado por delante de los párpados, que a su vez impiden su reintroducción espontanea por la severa congestión de todos los tejidos perioculares.

En los perros de razas braquicefálicas (Pekinés, Shih Tzu, Lhasa Apso, Carlino, Bulldog francés etc.) la cavidad orbitaria es menos profunda y además suelen tener macrobléfaron, por lo que es más fácil que pueda salir el globo incluso con pequeños traumatismos o con hiperexcitación. En los gatos o en las razas dolicocefálicas se requiere un trauma muy severo para provocar una proptosis.

Tras la proptosis, debido al compromiso vascular y a la inflamación secundaria, es muy frecuente que el nervio óptico se dañe de forma irreversible, generando ceguera en el ojo afectado. La córnea queda desprovista de la protección de los párpados por lo que rápidamente se pueden formar úlceras que progresen hacia la perforación.

En el tratamiento, lo más importante es la reposición del globo ocular en la órbita, siempre y cuando éste sea viable (se excluyen los casos de avulsión completa del nervio óptico, perforación ocular o rotura de más de tres músculos extraoculares, donde se recomienda la enucleación del globo, directamente).

Se aconsejará al propietario del animal que humedezca la córnea de forma continua con suero frío y gasas humedecidas durante el traslado del paciente a nuestra consulta, evitando además que el animal se autolesione.

La reintroducción del globo ocular en la órbita debe hacerse bajo anestesia general. Una cantotomía lateral facilitará su reposición. Se realizará una tarsorrafia temporal dejando un espacio sin cerrar en el canto medial para instilar colirios, y se suturará, asimismo, la cantotomía.

El tratamiento postoperatorio va dirigido principalmente a controlar la inflamación del nervio óptico,  disminuir la inflamación periocular, prevenir la infección, y tratar el daño corneal (corticoides sistémicos, y tópicos si no existe úlceración corneal, y antibióticos sistémicos y tópicos de amplio espectro).

A las tres semanas se retirarán los puntos de la tarsorrafia para valorar de nuevo las estructuras intraoculares, siempre y cuando el globo se encuentre en su posición fisiológica en la órbita, con perfecta movilidad palpebral.

Las secuelas más frecuentes son la ceguera y el estrabismo lateral debido a la rotura del músculo recto medial.

En algunos casos, el ojo mantiene una uveítis crónica o avanza hacia una ptisis bulbar, aconsejándose finalmente la enucleación.